La Banda estruja el corazón
Por Hugo Presman.
Que el gran Ermindo Onega, cuando concluyó el partido contra Lanús que condenó a River a la promoción y a dirimir su permanencia en primera con el cuarto de la Primera B Nacional, sintió un estruendo más fuerte aún que aquél que produjo el neumático que se reventó y lo llevó a la muerte. Me contaron que el cabezón Enrique Omar Sívori, con un vaso de whisky en la mano, se preguntaba en otro rincón, ¿Cómo es esto posible?
Muñoz, Moreno, Pedernera y Loustau se miraron perplejos. De aquella Maquina a esta máquina de demoler trayectorias, de enlodar prestigios, de una decadencia que lo llevó en el 2008 a terminar último, luego de haber sido campeón el mismo año, jugando un fútbol muy lejos de su historia. De esa historia que lo convirtió en el más grande club del fútbol argentino. El que obtuvo más campeonatos. El del mejor estadio. El que aportó más jugadores a las selecciones nacionales. El que más puntos sacó sumando todos los campeonatos desde que se inició el profesionalismo en 1931. El de una escuela y línea que se identificó con la mejor tradición futbolística argentina.
Me contaron que Carlos Peucelle le preguntaba desconsolado a ese gran periodista que fue Dante Panzeri, si las noticias que llegaban desde la tierra no eran una operación de prensa.
Que el gran Pipo Rossi, aquél que por sus gritos en la cancha se lo llegó a denominar “La voz de América”, se quedó afónico gritando desde el más allá, a un equipo sin fútbol y sin alma.
Al que la histórica camiseta le pesaba tanto que le inmovilizaba sus piernas, inhibía sus precarias condiciones futbolísticas y vaciaba sus pechos de todo fuego sagrado. Un técnico como Juan José López, el notable jugador JJ, cuyo miedo convirtió a un equipo endeble en uno de los tres peores del campeonato, aunque la actual tabla de posiciones lo dejé en mejor situación que aquella a la que lo condena el promedio. Él mismo designado por el presidente del club, nada menos que el Gran Capitán Daniel Alberto Pasarella, aquél que siempre iba para adelante, el defensor más goleador del fútbol argentino, el que conjugaba fútbol y garra. El que primero nominó como director técnico a Ángel Cappa, que cree que se puede jugar como el Barcelona, con jugadores poco habilitados futbolísticamente, a partir de cierto fundamentalismo ideológico.
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